Por eso, muchas reclamaciones legítimas nunca se presentan: alguien hace las cuentas y toma la única decisión que la caja tolera: no reclamar. Tener la razón y no tener la caja es, en la práctica, no tener la razón.
Existe un mercado global dedicado a cerrar esa brecha. La financiación de litigios por terceros consiste en que un fondo ajeno a la disputa asume los costos del proceso a cambio de una participación en el recaudo si se gana; si se pierde, no recupera un peso. No es un crédito, es una inversión de riesgo sobre una pretensión. En poco más de una década, esta figura pasó de ser una clase de activo desconocida a una industria estimada en unos USD 20.000 millones. La Corte de Apelaciones inglesa lo resumió sin rodeos: la financiación por terceros es un rasgo del litigio moderno.
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