Mientras las ciudades crecen y la demanda industrial y energética por agua se dispara, la infraestructura hídrica sigue operando con la capacidad instalada de hace generaciones y bajos presupuestos de inversión locales. Ese rezago ya no es solo un problema técnico: es un riesgo para la competitividad del país y una oportunidad de inversión que hoy nadie canaliza de forma ordenada.
Un problema que no es solo de lluvia o sequía
La seguridad hídrica es la capacidad de garantizar un suministro de agua confiable, en cantidad y calidad suficientes, para la salud, la producción de bienes y servicios y la subsistencia, junto con la protección frente a inundaciones, deslizamientos y sequías. Es la base sobre la que se sostienen las ciudades, la agricultura, la industria y, cada vez más, la generación de energía.
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