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Sequía y riesgo energético en Antioquia: ¿está su organización preparada para seguir operando?

21/10/2026

La sequía y el riesgo energético en Antioquia pueden afectar la continuidad de cualquier organización. Descubra qué procesos debe proteger y qué medidas adoptar para mantener su operación ante interrupciones de energía, agua y otros eventos climáticos.

La variabilidad climática de los últimos tiempos y la llegada del “Super Niño”, han resaltado problemáticas de vieja data, imposibles de invisibilizar, que han crecido y se han agravado con el paso de los años. ¿Su organización está preparada para una contingencia energética, para una sequía, o para desastres naturales como los experimentados en los últimos meses alrededor del mundo?

De acuerdo con el Ideam, durante estos últimos tres meses del año, el fenómeno del niño aumentará su intensidad considerablemente, y, por lo tanto, será más frecuente la ocurrencia de incendios forestales, contrario al nivel de los embalses que continuará en descenso. El 35% de la región antioqueña se encuentra en alto riesgo y las administraciones municipales no están totalmente preparadas, pues en algunos casos ni siquiera cuentan con un cuerpo de bomberos operativo. ¿Sabe si su organización se encuentra en una zona altamente expuesta a incendios forestales? ¿La ocurrencia de un incendio forestal podría afectar su operación?

En cuanto al nivel de los embalses y la inminente contingencia energética, Antioquia es de las regiones más afectadas por la intensa sequía, y aunque se han propuesto medidas como realizar cortes programados de agua y garantizar el suministro de gas, carbón y combustibles, el aumento acelerado de vehículos eléctricos y el rezago en la generación e infraestructura de la nueva energía, nos recuerdan que la continuidad del negocio y la prevención y atención de emergencias y crisis no es un asunto lejano ni exclusivo del Estado o de grandes compañías: es una prioridad estratégica para cualquier organización que dependa de energía, agua, tecnología, logística o prestación permanente de servicios, independientemente de su tamaño o tipo societario.

Cuando los recursos hídricos disminuyen y aumenta el riesgo de restricciones energéticas, su organización debería preguntarse: ¿qué procesos podrían verse afectados? ¿cuáles de esos procesos no pueden detenerse?, ¿cuánto tiempo podría operar ante una interrupción?, ¿cuenta con fuentes alternas, protocolos claros y responsables definidos?, ¿qué pérdidas nos puede ocasionar un apagón, un racionamiento de agua, o cualquier otro desastre natural?

Prepararse implica responder estas preguntas, proteger los procesos críticos, monitorear alertas climáticas y energéticas y adoptar medidas proporcionales a la operación. Entre estas medidas se encuentran identificar proveedores alternativos, verificar cuánto tiempo pueden funcionar los equipos con las fuentes de energía de respaldo, probar la recuperación de información y establecer mecanismos de abastecimiento de agua cuando corresponda. Para implementarlas, deben asignarse responsables y recursos, así como realizarse simulacros que permitan comprobar su efectividad.

Desde una perspectiva jurídica, resulta conveniente revisar los contratos de suministro, especialmente los mecanismos de aviso, las alternativas de cumplimiento y las condiciones de suspensión o terminación, así como las coberturas y exclusiones de los seguros contratados. Asimismo, conservar las alertas, comunicaciones, soportes de las afectaciones y evidencias de las medidas adoptadas permite documentar la diligencia de la sociedad y sustentar su posición frente a eventuales reclamaciones por incumplimiento.

En un entorno cada vez más expuesto a eventos climáticos y presiones sobre la infraestructura, quizá frente a la coyuntura actual, algunas organizaciones consideren tardía la implementación completa de un plan de continuidad del negocio, sin embargo, empezar ahora sigue siendo una decisión necesaria: permite mitigar riesgos potenciales, reducir impactos operativos, económicos y reputacionales, y

construir capacidades reales para responder mejor ante eventos climáticos y ambientales que, con alta probabilidad, seguirán presentándose en los próximos años. La pregunta clave ya no es si puede ocurrir un evento climático adverso, sino qué tan preparada está la organización para seguir operando cuando este ocurra, minimizando pérdidas, promoviendo la confianza de los grupos de interés, y direccionando los esfuerzos empresariales hacia una decisión de sostenibilidad, cumplimiento y competitividad.

 

 

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