En un país donde la música, el cine y las producciones digitales han ganado visibilidad internacional, garantizar una remuneración justa a los artistas no es solo un asunto legal, sino también cultural.
La normativa colombiana, respaldada por entidades como la Dirección Nacional de Derecho de Autor, ha avanzado en la protección de obras y en la imposición de sanciones por infracciones a estos derechos, sin embargo, en la práctica persisten desafíos importantes. La digitalización ha transformado radicalmente la forma en que se consume entretenimiento, y muchas veces la legislación no logra adaptarse con la misma rapidez. Plataformas de streaming, redes sociales y distribución independiente han democratizado la creación, pero también han difuminado los límites de la propiedad intelectual.
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