La oferta de modelos de lenguaje (LLM) se ha multiplicado hasta volverse inabarcable, y la pregunta que se hace el profesional que se dedica al Derecho ha cambiado de naturaleza: ya no es si conviene usar inteligencia artificial, sino cuál de ellas y para qué. El pulso del sector lo confirma, más de 20.000 profesionales se inscribieron en el último seminario de Anthropic sobre la aplicación de Claude en la abogacía, y los principales despachos internacionales ya emplean estos modelos en asuntos vivos a través de plataformas jurídicas especializadas. La realidad es que hay un modelo idóneo para cada combinación de tareas jurídicas, sensibilidad de los datos y exigencia normativa. Plantearlo así, como un problema de encaje entre el supuesto de hecho y su consecuencia, resulta más familiar al jurista que cualquier ranking tecnológico.
Artículo publicado en el número de julio de Actualidad Jurídica Aranzadi.