Durante siglos, el ordenamiento jurídico ha acompañado esa intuición construyendo derechos exclusivos sobre patentes, marcas y derechos de propiedad intelectual, para crear escasez artificial allí donde la creación o inventiva humana podía replicarse con facilidad, garantizando así un retorno suficiente al esfuerzo intelectual. Hoy, sin embargo, asistimos a un cambio silencioso por la irrupción de la IA generativa, que va a obligar a los economistas a replantear sus postulados. Pocos cuestionan a estas alturas que la IA está revolucionando la empresa y sus bases económicas; la duda ahora es qué quedará en el balance de las empresas cuando el coste marginal de generar contenido, como software, textos, gráficos, bases de datos o archivos multimedia, tienda a cero.
Puede leer el artículo completo aquí.